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Tecnologías de Eficiencia Social
Este conjunto de conocimientos han sido compilados durante aproximadamente 8 años y se han desarrollado con experiencias y aprendizajes en muchos países. Leer más...Ahorra algo hoy
¡Ahorra algo hoy!
La acción de ahorrar alguna cosa con una periodicidad diaria conforma el esfuerzo más básico para mejorar la eficiencia, de una manera contundente, en el aprovechamiento de CUALQUIER recurso. Leer más...
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Ahorra algo hoy - artículo de Humberto Aguinaga | Ahorra algo hoy - artículo de Humberto Aguinaga |
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Esta columna fue publicada el 31 de marzo de 2007 en el Periódico A.M. de la Ciudad de León, Guanajuato.
31/MARZO/2007
ALEPH
Ahorra algo hoy
HUMBERTO AGUINAGA
Beep, beep. “Oye compadre, te tengo algo muy interesante para tu columna del periódico”, me dijo por radio ‘El Guayabo, un buen amigo. Beep, beep. “Voy a tu oficina”, contesté. Lo conozco desde niño, sé que lo que trae entre manos siempre vale la pena. Ese tipo de llamadas me interesan; poner este espacio al servicio de intereses comunitarios le da sentido. Cuando llegué se levantó de su bien iluminado escritorio para darme un abrazo, pero también para encender la lámpara de neón del techo, eran las seis de la tarde, el lugar estaba casi en penumbra. Lo noté entusiasmado, sin más preámbulo me habló de una tecnología llamada Ahorra algo hoy que permite descubrir las infinitas posibilidades de las que disponemos para llevar el uso de recursos y actividades a sus niveles de suficiencia y por consecuencia de eficiencia.
Estaba conectado a Internet y me mostró somethingtoday.com, la página del consultor que desarrolló y organizó técnicas y conocimientos que permiten identificar las entradas, las transformaciones que ocurren en todo proceso y las salidas obtenidas. Mi amigo me explicó que cualquier proceso de cambio se puede “naturalizar”, es decir liberar de ineficiencias y deficiencias, las cuales los aletargan, complican o hacen tan espesos que ocasionan problemas. “Las entradas no necesarias así como las salidas no esperadas son ineficiencias -expuso- porque deterioran el proceso de cambio y provocan que se utilice mayor cantidad de energía o recursos sin una razón lógica o provechosa”.
Al principio pensé que estaba hablando de una tecnología industrial pero no; se trataba de una cuestión muy personal, íntima. La actitud particular ante el proceso de transformación que implica nuestra vida individual. “Mira, compadre -continuó- tengo días llevando una hoja de cálculo en la que voy anotando los ahorros que se me ocurre puedo hacer.” Con sorpresa vi que no se trataba de ahorros en su empresa, sino de asuntos domésticos como la cantidad de gas que gasta en el baño diario: “Pongo la perilla del calentador a la mitad. Ya no traigo el coche a la fábrica, voy y vengo caminado. ¿Sabes cuantos envases encontré hoy tirados en la calle? Seis. Entre botellas de plástico y latas. Los recogí y los llevé a un depósito de reciclables que tiene la llantera que está de pasada. Hasta hace poco no me enteraba, ni los veía, pero ahora me doy cuenta de cómo tenemos la ciudad; llena de basura”. Se me antojó estar en sus zapatos. Mi amigo había cambiado su actitud.
La actitud se define como predisposición para responder de forma favorable o desfavorable a un objeto o situación particular. Es una expresión del presente, pero parte de prácticas previas o más frecuentemente, del condicionamiento. Es decir de un tipo de aprendizaje impuesto que prescinde de la experiencia personal y obliga de modo inconsciente a asociar en automático eventos como premio o castigo. Un adiestramiento, una imposición de ciertas respuestas. La cultura en que vivimos nos condiciona a tal grado que uno no puede pensar de otra manera. Por ejemplo, si vamos de acá para allá tenemos que movernos en coche o camión, la bicicleta nos aterroriza, nos quita estatus.
Hace unos días Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno en el D.F., ordenó a sus colaboradores dejar el auto el primer lunes de cada mes y llegar a trabajar en bicicleta. Desde el 2 de abril, todos los funcionarios capitalinos deberán usar ese medio de transporte con el fin de promoverlo. Ciento sesenta y siete mil capitalinos la utilizan hoy como transporte habitual. Un millón seiscientos mil es la meta prevista en cinco años. La disposición podría resultar contraproducente, los burócratas de alto nivel son los menos indicados para iniciar el cambio, quizá se sientan ridículos, muchos lo harán a regañadientes, más que promotores podrían convertirse en detractores y quedar vacunados, pero el Gobierno está dispuesto a forzar un cambio de actitud y lo hace con lo que tiene a mano.
Por todos lados se multiplican las propuestas. Aunque muchos ven un panfleto propagandístico en “La Verdad Incómoda”, el documental de Al Gore -ganador de un Oscar- que actualmente se exhibe en nuestros cines, toca puntos irrefutables, pone en evidencia el absurdo desbalance de la cultura del desperdicio en que vivimos y expone claramente los ahorros posibles a nivel personal en emisión de gases de invernadero. Cada quien podemos ahorrar algo hoy en beneficio de la salud planetaria, eso es muy esperanzador.
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